La cara oculta de los orígenes de los
municipios del Valle
Nombres con historia
EL PAIS COLOMBIA / La Región, Domingo 07
de Octubre de 2001
Por Olga Lucía Criollo
Reportera de El Pais
Un águila, una disputa, un sueño y
una planta sirvieron de inspiración para
darles vida a cuatro municipios del Valle del Cauca.
Se trata de El Aguila, Palmira, Florida y Zarzal,
cuyos nombres no remiten a santos, antiguos caciques,
próceres de la Patria ni a ciudades ya existentes,
como sí ocurre con otras 33 localidades del
departamento.
"Dicen que unos cazadores llegaron a la región
y, mientras almorzaban, mataron un águila.
Pero la versión más difundida es que
un guaquero se encontró un águila
de oro en la zona y le puso ese nombre al caserío
en agradecimiento", comenta Margarita Sánchez,
la bibliotecóloga del municipio.
El historiador William Mayama refiere que el 5
de diciembre de 1813 los habitantes de una localidad
cercana a Cali decidieron tomar la palma como símbolo
de desconocimiento a la autoridad española.
Fue por ello que Llanogrande o Las Sierras Nevadas,
como también se le conocía hasta entonces,
pasó a ser Cantón de Palmira, la Villa
de Palmira y después sólo Palmira,
a partir de 1909.
El surgimiento de Florida estuvo relacionado con
un sueño: el que Pantaleón Bedoya
y Joaquín Echeverry tuvieron de crear un
próspero municipio basado en la ganadería
y el cultivo del tabaco sobre la población
que hasta 1834 se conoció como Perodíaz.
En Zarzal, por su parte, la proliferación
de zarza, una planta silvestre a la que los españoles
bautizaron así, fue la 'culpable' de que,
en 1909, la Villa de Libraida (fundada por las familias
Libreros y Girón) cambiara de nombre y se
convirtiera en municipio.
Pero, sin lugar a dudas, la fuente de mayor inspiración
a la hora de escoger el nombre dado a las diferentes
poblaciones del Valle fueron las tribus Calimas
y Gorrones, quienes habitaron la región durante
los siglos XVI y XVII.
Desde Ansermanuevo hasta Jamundí, pasando
por El Dovio, Tuluá, Buga, Calima-El Darién,
Yotoco, Guacarí, Vijes, Yumbo y Cali, se
puede palpar o, tal vez pronunciar, la huella dejada
por los antepasados.
"Jorge Robledo le colocó La Pequeña
España y luego lo cambió por Villa
de San Juan. Pero rápidamente se dio cuenta
de que el cristal de sal de allí era tipo
exportación, así que le puso Anserma,
que en lengua quimbaya significa Tierra de Sal",
dice el monitor cultural Carlos Acevedo.
El Dovio también es un vocablo indio y traduce
"lugar rodeado de montañas". Sin
embargo, primero se llamó Las Hojas, por
el tapizado natural que los Pizamos formaban en
la época de Otoño, según cuenta
José Noiber Benítez, historiador de
esa localidad.
En cuanto a la Ciudad Señora, Buga, como
se llamaban los nativos que habitan las orillas
del río Guadalajara, fue el nombre que le
dio vida. Significaba País de las Lanzas,
mientras que el vocablo del afluente se derivó
del árabe: Guadal, río, y jara, piedra.
De hecho su primera denominación fue Nueva
Jerez de los Caballeros. Luego pasó a ser
Guadalajara de la Victoria de Buga, por la fiesta
patronal, pero en 1992 se le quitó dicho
apelativo.
En cambio, la denominación de Tuluá
parece no ser muy conocida. No obstante, hay quienes
dicen que traduce Tierra Fácil y que se deriva
del vocablo Tulú, como llamaban al plátano
los nativos de la región.
Lo que sí se sabe es que hasta 1637 se llamó
Llano de Buga, que luego se le denominó Palomestizo
y que cuando la trasladaron a su sitio actual le
llamaron San Bartolomé, en honor al santo
español. Desde 1814 sólo es Tuluá.
Cultura Calima
Respecto al municipio de Calima-El Darién
no hay ninguna discusión, pues alude a la
cultura orfebre de la región. Darién,
por su parte, significa "sitio muy bello",
en alusión a los hermosos paisajes de esa
zona del Valle.
Según Carlos Arturo Mejía, director
de la Casa de la Cultura de la localidad, en 1939
se designó a este último como cabecera,
circunstancia que dio término a la disputa
por el predominio de uno u otro sector.
"No es Yotoco sino Yotocó", aclara
muy orgullosa Naslia Ruiz, una estudiante de 11
años, en alusión al nombre del cacique
que le dio vida a dicho municipio. Su nombre traduce
"campo bello" y fue fundado en 1622 por
el español Diego Rengifo Salazar.
Pero si Yotoco inspira orgullo, Guacarí
también, puesto que es una de las pocas localidades
que nunca ha cambiado de nombre. De acuerdo con
el historiador José Freddy Gutiérrez,
para algunos el término proviene de dos voces
caribes que significan Garza Blanca o Territorio
de Agua. Para otros, es el nombre de la Diosa Huakar,
quien se sacrificó a cambió de que
cesaran las tempestades sobre su población.
El 14 de julio de 1539 el mariscal Robledo bautizó
al caserío indígena de Ocache, hoy
municipio de Vijes, como Vije o Vija, en homenaje
a su cacique, cuyo nombre, a su vez, aludía
a Achiote.
Algo similar sucedió en Yumbo, cuyo cacique
fue halagado con tal honor. Sin embargo, algunas
versiones indican que esta tribu no era autóctona
del Valle, sino que fue traída del Ecuador
por Sebastían de Belalcázar.
Los que sí eran muy nativos fueron los Xamundíes
("Acabadores de enemigos"), en cuya región
Juan de Ampudia fundó una población
con su nombre, en 1536. Luego fue trasladada y llamada
Río Claro, Rosario y, finalmente, en 1800,
Jamundí, en honor al aguerrido jefe aborigen.
Lo que sí causa sorpresa es saber que la
capital del Valle también se denominó
Lile y estuvo ubicada a 110 kilómetros de
su sitio actual. Claro que las dos cosas no ocurrieron
al tiempo. Cali es una abreviatura de Calima, donde,
según algunos historiadores, la ciudad estuvo
instalada inicialmente por decisión de Sebastián
de Belalcázar.
Un año después, Miguel Muñoz
ordenó el traslado, pero luego, El Aventajado
le restituyó su primera ubicación
y le adicionó el Santiago, en homenaje al
Apóstol de Compostela.
Otra versión, consignada en el Acta del
Cabildo, asegura que la fundación se hizo
sobre los terrenos que hoy ocupa La Merced, el 25
de julio de 1536, en honor al santo patrono de España.
Así, en medio de versiones encontradas,
vocablos impronunciables e historias inconclusas,
es posible adentrarse en el anecdotario vallecaucano
para conocer el origen de los nombres de los 42
municipios del departamento.
Al recuerdo de...
La evocación de localidades españolas,
por parte de los conquistadores, también
sirivó para bautizar a varios municipios
del Valle.
Tal es el caso de Alcalá, cuyo nombre alude
a Alcalá de Henares. Antes, sin embargo,
se llamó San Sebastían de la Balsa,
por el río de ese nombre, y La Furatena,
en honor a un cacique. Una situación similar
se presentó con Andalucía, cuyo primer
nombre fue Folleco, como homenaje al creador del
caserío, Antonio Folleco. Luego se había
denominado Villa de San Vicente y después,
San Vicente Ferrer.
Sevilla, por su parte, también le rindió
homenaje al país ibérico, después
de haber honrado a Loussiana, Estados Unidos, al
igual que Toro, cuyo nombre inicial fue Nuestra
Señora de la Consolación de Toro.
"Al igual que la Serranía, en un comienzo
nuestro municipio se llamó Paraguas, porque
la montaña se asemeja a una sombrilla cerrada.
Luego le pusieron Haceldama, pero cuando la gente
se dio cuenta que en lengua quimbaya eso significaba
Bañada en Sangre, protestó y lo hizo
cambiar. Entonces el español Ramirez Cendoya,
le hizo colocar el nombre de un pueblo de por allá",
comenta el historiador Conrado Narváez.
Pero la nostalgia por las tierras abandonadas también
invadió a los colonos antioqueños
que poblaron gran parte del norte del departamento.
De ahí que Versalles y Argelia lleven los
nombres de poblaciones ya existentes en el país.
"Argelia primero se llamó Medellíncito,
debido a que sus fundadores eran paisas que huían
de la Guerra de los Mil Días. Después
le colocaron Aguamona, por una quebrada, pero luego,
el padre Manuel Mejía Vélez, dijo
que el relieve montañoso de la población
y sus productos agrícolas se parecían
mucho a los de Argelia, Antioquia, así que
le pusieron así", asegura Cristian Ramirez,
director de la Casa de la Cultura.
Pero no sólo esas poblaciones sirvieron
de paradigma, ya que la Villa de Robledo, deriva
su nombre de Cartagena, ya que un grupo de cien
nativos que partió de La Heroíca con
Jorge Robledo, le pidió que fundara otra
ciudad con ese nombre en el interior del país.
Pero, para no repetir, el Mariscal recortó
el nombre y le colocó Cartago. Aquello sucedió
el 9 de agosto de 1540.
Otra historia es la de Ginebra, a quien el padre
Rafael Aguilera le puso así tras asegurar
que el trazado de las calles contratado a unos ingenieros
alemanes había quedado similar al de las
avenidas de la capital de Suiza.
Ahora bien, las características físicas
de algunas localidades también han servido
para bautizar los municipios que allí se
han levantado. Dagua, por ejemplo, es un vocablo
árabe que traduce refugio y alude a que la
población se encuentra enclavada en un cañón
de su afluente.
De igual forma, La Cumbre, debe su apelativo a
los trabajadores del ferrocarril del Pacífico
que decían que el trazado debía pasar
por la cresta de la montaña de la entonces
Pavas, mientras que a El Cerrito, antes llamado
San Jerónimo de los Ingenios, se le colocó
así por quedar en medio de dos montañas
más altas.
Riofrío, a su vez, debe su nombre a lo heladas
de las aguas de su afluente, mientras que Pradera,
fue llamada así por estar en la parte baja
de la cordillera.
Personajes y santos
Además de los caciques indígenas,
existen otros personajes, como próceres,
ex presidentes y hasta generales de la República
que también han inspirado los nombres de
varios municipios del Valle del Cauca.
Caicedonia, antes llamado Burila por los indígenas
que habitaban la zona, derivó su nombre de
los señores Lizandro y Belisario Caicedo,
propietarios de las tierras sobre las que se levantó
el poblado. Igual situación se vivió
con Pescador, que 54 años después
de haber sido creado, y luego de llamarse también
Plaza Vieja --por el río-- y Santa Ana, adoptó
el apellido del Libertador y pasó a ser municipio
en 1884.
Obando, que antes se llamaba El Naranjal, debe
su denominación al general José María
Obando, quien fue presidente de la República,
al igual que con el nombre de Restrepo, se quiso
homenajear a Carlos Restrepo, quien también
ocupó esa dignidad.
Claro está que otras versiones indican que
el Restrepo enaltecido era José Félix,
un liberal que peleó en la Guerra de los
Mil Días. Esta población del centro
del Valle también se había llamado
La Culebrera, debido a la presencia de muchas serpientes
en sus zonas rurales, y Conto, por sugerencia de
un gobernador del Cauca, de acuerdo con lo afirmado
por el filósofo Carlos Cardona.
Ulloa, que antes fue conocida como Villa Sucre,
lleva ese nombre desde 1928, cuando fue eregida
como municipio, para recordar al general Juan Eleuterio
Ulloa. Trujillo, por su parte, representa un homenaje
al general Julían Trujillo, quien llegó
a ocupar la presidencia de la República.
Pero la historia menos creíble pero más
simpática es tal vez la de Roldanillo. "Lo
que se dice es que el fundador Roldán llegó
acompañado de un nativo, que al saber que
el nuevo poblado iba a llevar el apellido del conquistador,
exclamó: y yo? A lo que él contestó:
Entonces que se llame Roldan-i-llo", comenta
el señor Omar Velásquez.
Pero no sólo los personajes de carne y hueso
le dan dado vida a los nombres de los municipios.
Buenaventura, Candelaria, La Victoria y San Pedro
muestran la religiosidad que caracterizaba a los
conquistadores españoles.
La primera honra al Seráfico doctor San
Buenaventura, la segunda recuerda una peregrinación
hecha a la Virgen de Candelaria en 1545 en ese lugar,
la tercera dejó de ser La Cañada y
San José para conmemorar la fiesta de la
Virgen de las Victorias, y el último denota
devoción por el Santo Apóstol.
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