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CABALLOS, MULAS Y BUEYES.
Héctor Alarcón Muñoz
En casi todos los lugares del mundo, el caballo, la mula y el buey, han sido los antecesores de los vehículos. En Versalles, en la primera mitad del siglo pasado, no había vehículos de ninguna clase y las gentes utilizaban el caballo, para transportarse y para transportar los productos agrícolas desde las veredas hacia las cabeceras de los municipios. Los muchachos hacían toda clase de mandados montando los caballos en pelo, a veces el animal de desbocaba con su jinete por una de las calles del pueblo, lo que se convertía en un espectáculo para los desprevenidos pobladores.
Los caballos grandes y desbocadores eran escogidos para las carreras en LA PISTA, eventos que se realizaban los domingos en las horas de la tarde. Los caballos se clasificaban en trotones, aquellos que al montarlos dejaban el trasero destrozado; los andones, que los montaban personas que no sabían manejar bestias de silla, o por campesinos en estados de embriaguez que los dejaban hasta la media noche al pie de una cantina, en Guayabito o el Alto de la Cruz.
En Versalles había caballos de raza fina y de máxima elegancia, de aquellos que suelen enfrenar duro, aun para subir la loma, como el Palomo que don Jesús Alarcón le compro a don Enrique Urdinola por la suma de trescientos veinte pesos en Roldanillo. En las cabalgatas se notaban los caballos atravesadores, que levantan las manos y vacían al jinete por la cola. Peligrosos los caballos pajareros, que se asustan por cualquier cosa, paran en seco y lo bajan a uno por la cabeza.
Los precios de los caballos, desde luego eran distintos: un galopero valía màs que un trotòn, y un trochador de paso fino valía mas que los otros.
Caballos muy recordados y muy queridos por sus dueños, el Tungo: de don Manuel Giraldo, Compañero: de don Juan Evangelista González, La Monjita: de don Clímaco Arroyave. Este caballo murió reventado mientras hacia una veloz carrera , entre el Oasis y el parque principal, un dia que su dueño lo presto a un amigo para "dar una Vuelta".
Capitulo aparte, el criadero de caballos finos que fue de don Francisco Arboleda , desde el siglo antepasado. Cuenta don Julio Arboleda , hijo de don Francisco, que para Medellín, el padre de don Fabio Ochoa , llevò mas de 100 bestias de clase, de ahi nació Atlas, el padre del famoso caballo de nombre don Danilo. Bestias de mucho talante, en las que se paseaba como un pavo real, don Francisco Arboleda; Faisán, Marino, Júpiter, Sietecolores, La Venus y la negra del Ancla. De la misma escuela o criadero salieron los caballos que montaba don Víctor Hoyos: , La Marsellesa, La Diana, La Lupe y la Granadilla.
Don Ignacio Reyes; su caballo mas hermoso fue Jazmín, pero don Ignacio era el hombre de las potrancas de clase. Y don Delio Giraldo también tuvo su caballo llamado Crines de Oro, y que decir de don Marco Arboleda con su famosa yegua de nombre Sinfonía, que fue campeona de campeonas a nivel nacional, por allá en los años 50.
La gente a veces suele enojarse con los caballos y les endilgan insultos: Les dicen táparo, mocho, teque, cargaleña, rángano, tarugo, sopenco, alepruz y otras denominaciones que dejan por el suelo a los pobres animales.
Las mulas fueron, en su época, las antecesoras de los vehículos camperos, los jeep Willis: que las había de carga, de silla y de vaquería. A lomo de mula se transportaban materiales de construcción, desde un lugar cualquiera , y su trabajo fue indispensable para el progreso del municipio.
Los bueyes fueron muy escasos en la región montañosa, pero si fueron los antecesores del tractor, a lo largo del Valle del Cauca. Dicen que MOISO tenia un buey, pero yo no recuerdo quien ge Moiso ni de que color era el buey.
Contando las cosas, a la manera del Maestro Euclides Jaramillo, digamos que con todas estas bestias se hizo nuestra patria Chica, mas que con los hombres, ellas trajeron sobre sus matados lomos, toda la carga que llegaba a la población de La Victoria con destino al comercio de Versalles, calderas, maquinaria, trapiches. El caballo, la mula, el buey ; una trilogía de fatiga, de fortaleza, de lucha y de trabajo. Pero, hay que pensar en los caminos de entonces, y hallar hundidos en ellos sus cuerpos cubiertos de lodo. Esas nobles bestias sucumbieron bajo el peso de una carga que siempre llego a su destino. El arriero, el director de la batalla, como un héroe mitológico aparecía en este bregar tremendo. su perrero atravesado sobre la espalda, su mulera de lona, su delantal, su peinilla con cubierta de veinte ramales, toda su figura , de pie, como titanes, habla de como se formó este pedazo de Colombia, donde, milagrosamente, aun se puede vivir y disfrutar de la madre naturaleza.
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